Así es como recuerdo las cartas de relación de Hernán Cortes, todo sacrificio es violento, quitarle algo de algo, deshacerte de algo. Solo así se puede fundar una fe para construir un imperio. Esto fue lo que paso en la conquista de Tenochtitlán. Les arrancaron a sus Dioses, su comida, sus costumbres, sus mujeres, todo, los dejaron muertos en vida con la única esperanza de volver a creer en un solo Dios. Al leer estas páginas llenas de barbarie te puedes imaginar lo que se vivió en 1524.Sin embargo es gracias a estas cartas que podemos conocer la otra parte de la vida y la magnificencia de esta ciudad.
Y que en un México globalizado los mecanismos de control siguen siendo los mismos, con actores y roles distintos pero la esencia sigue intacta, la búsqueda de poder.

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